En los años 20 del siglo pasado José Sánchez Núñez compró una cueva de elaboración en el municipio orensano de A Rùa, marcando, sin saberlo, las bases fundacionales de la actual bodega. Dedicados al mundo del vino y muy especialmente a la viticultura, contaban también con vivero pues Valdeorras ha suministrado históricamente al resto de Galicia injertos para replantar y para nuevas plantaciones, de variedades autóctonas.
Alan de Val
En 1993, Joaquín, Manuel y José Luis Sánchez Rodríguez, nietos de José, siguen los pasos de su abuelo y luego de su padre, Manuel, y fundan la actual bodega con una premisa fundamental; trabajar exclusivamente viñedo propio. Gracias al conocimiento heredado tanto en elaboración como en viticultura, conocen como nadie las variedades y suelos de la zona, donde poseen viñedos de, por supuesto la blanca godello, pero también las tintas mencía, brancellao, caíño tinto, garnacha tintorera y sousón. Al principio elaboran pocas botellas en la pequeña bodega familiar de forma casi artesanal, pero los buenos resultados les animan a construir una bodega más grande con el espacio y la tecnología necesarios para crecer. Así nacen en 2006 las nuevas instalaciones, situadas en un alto que domina el valle de A Rùa y rodeadas de viñedos propios que cuidan y trabajan ellos mismos.
El equilibrio
La bodega cuenta con una variada tipología de viñedo; el más antiguo plantado en vaso, el de edad media de 30 años en espaldera y nuevas plantaciones también en espaldera, todos situados entre los 300 y los 700 metros de altitud entre los municipios de A Rúa y Vilamartín de Valdeorras donde gozan de un clima mediterráneo-oceánico, con influencia atlántica muy propicio para la elaboración de vinos secos de alta calidad. Alan de Val es uno de sus vinos más tradicionales, procedente de una meticulosa selección de parcelas en A Rúa, donde la vid cuenta con una edad media de 30 años, con el fin de conseguir ese equilibrio que nace de las distintas altitudes y tipos de suelos presentes en sus viñedos. La humedad de la primavera de 2025 y el caluroso verano dieron como resultado una añada de producción media que se vendimió manualmente en cajas de 14 kg. La fermentación alcohólica se realizó en depósitos de acero inoxidable para luego ser estabilizado y embotellado. El resultado es un vino de una complejidad sutil, sápido, refrescante y fluido que muestra tanto la expresión del territorio y como de la variedad godello, y que, guardado en óptimas condiciones, se puede disfrutar hasta 2031.